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MURIÓ CUAUHTÉMOC CÁRDENAS, ARTÍFICE DE UNA TRANSICIÓN INACABADA
29.10.2026 · creativecore

por Arturo Soto Munguía
La inacabada transición democrática en México no podría entenderse sin una figura como la de Cuauhtémoc Cárdenas.
Por eso -o a pesar de eso- habrá muchos que vayan hoy a su funeral, algunos transidos por el dolor de la partida y otros, claro que habrá otros, que asistan como en la Canción Bolivariana de Alí Primera, “para asegurarse de que esté bien muerto”.
En aquel lejano 1987, la Corriente Democrática que encabezaba en el PRI rompió filas con ese partido y llamó a la creación de un frente amplio de oposición, que metió a la izquierda mexicana en un amplio e intenso debate sobre la viabilidad de sumarse a un proyecto de esa naturaleza, con personajes que venían de un partido considerado su enemigo histórico.
Un más que nutrido contingente de organizaciones, partidos, sindicatos y agrupaciones de la sociedad civil decidió sumarse a lo que posteriormente se conoció como Frente Democrático Nacional, prolegómeno del PRD; otra parte de la izquierda se mantuvo firme en la idea de que el cambio en nuestro país no pasaba por las urnas, pues entre otras cosas, las instituciones electorales se encontraban materialmente copadas por el gobierno y decidieron mantenerse al margen bajo la consigna, con diferentes matices, de “pueblo no votes, organízate y lucha”.
En 1988 el PARM ofreció su registro para la candidatura presidencial de Cuauhtémoc que, acompañado de Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Rodolfo Martínez Guevara, entre otros, infligieron la primera gran fractura al partido hegemónico, que hubo de recurrir a cualquier cantidad de artimañas, corruptelas y mapacherías para sacar adelante la candidatura de Carlos Salinas de Gortari. Eran sus últimas patadas de ahogado.
Lo que comenzó como un gobierno producto del fraude, terminó como un gobierno podrido en sus pugnas internas, ahogado en su propia sangre (Luis Donaldo Colosio, José Francisco y Mario Ruiz Massieu, entre los casos más representativos) y exhibido por un sector de aquella izquierda que reivindicaba la lucha armada, como lo fue el EZLN y su rebelión del 1 de enero de 1994.
Básicamente, las razones de la diáspora priista se pueden resumir en dos: falta de democracia interna y exceso de corrupción. No sé si me entiendan.
Cuauhtémoc Cárdenas volvió a competir en 1994, perdiendo contra Ernesto Zedillo, y en 2000, perdiendo con Vicente Fox, que inauguró la primera alternancia en el México moderno, lastimosamente desperdiciada, por cierto, en tan solo dos sexenios, en los que tuvo que pactar con el PRI (2006) para entronizar a Felipe Calderón para cerrarle el paso a la figura emergente de la izquierda en ese entonces, Andrés Manuel López Obrador.
Sería pretencioso resumir en una columna casi 40 años de historia, pero es menester reconocer el papel que jugó en este proceso el hijo del General Lázaro Cárdenas, para la demolición del viejo régimen y la construcción de uno nuevo que, hay que decirlo con todas sus letras, todavía está lejos de las expectativas que inspiraron aquella insurgencia cívica de 1988 y años posteriores, y con varias asignaturas pendientes, entre ellas dos que solo a los desmemoriados no les harán sonar las alarmas: la falta de democracia y el exceso de corrupción. No sé si me entiendan.
Ayer murió el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el último de los mohicanos que seguía vivo, de aquella triada que encabezó un movimiento social y político muy amplio que a la postre no solo sacaría al PRI y al PAN de Los Pinos, sino que arrojaría a uno a los brazos del otro y viceversa -vaya cosa- para intentar recuperar algunas parcelas del poder perdido.
Cárdenas tuvo un serio distanciamiento de AMLO y llegó a declarar que la 4T no representaba a la izquierda; cuestionó sus políticas económica, migratoria, petrolera, fiscal y entre otras, de seguridad. AMLO lo masticaba, pero no lo tragaba. De hecho, lo mantuvo durante todo su sexenio, considerablemente marginado y hasta lo hizo blanco de algunas críticas.
Claudia Sheinbaum, que acompañó al ingeniero desde aquellos convulsos años 80, lo nombró presidente honorario de la Comisión Consultiva del Petróleo en marzo de este año, reconociendo el legado de Cárdenas y quizá le hubiera otorgado un cargo de mayor relevancia, si no fuera porque a sus 92 años, el ingeniero ya no pasaba por sus mejores momentos.
Descanse en paz.
