Ñuñoa, Chile (Creativoz 16 Nueve | Iceido).- Un hallazgo que apuntaba al crimen organizado terminó revelando una historia de aislamiento, promesas secretas y una muerte ocultada durante más de un año.
Lo que comenzó como un posible caso ligado al crimen organizado en Santiago de Chile terminó transformándose en una de las historias más desconcertantes de los últimos años. Una maleta abandonada en plena vía pública, restos humanos en su interior y dos mujeres religiosas en el centro de una investigación que sacudió al país.
La mañana del 8 de abril de 2024, vecinos de la comuna de Ñuñoa alertaron a las autoridades tras descubrir una bolsa sospechosa abandonada en la calle Los Talaveras. Minutos antes, un reciclador había retirado la maleta donde se encontraba el cuerpo, dejando la bolsa en el lugar. Cuando Carabineros llegó al sitio confirmó que los restos pertenecían a una mujer en avanzado estado de esqueletización.
Las primeras líneas de investigación apuntaban a una posible ejecución vinculada a bandas criminales, especialmente por la forma en que el cuerpo fue abandonado. Cámaras de vigilancia mostraron incluso a un hombre trasladando la maleta en scooter antes de dejarla en la zona, alimentando las sospechas de un posible ajuste de cuentas.
Sin embargo, el caso dio un giro inesperado.
Las diligencias policiales condujeron a una vivienda ubicada entre las comunas de Ñuñoa y Macul, donde dos mujeres -madre e hija- terminaron confesando una historia completamente distinta a la que imaginaban los investigadores.
Según estableció la Fiscalía Oriente y la Brigada de Homicidios, la víctima fue identificada como Erica Fernández Mora, una mujer de 58 años que falleció en 2023 producto de un cáncer que nunca recibió tratamiento médico. Quien ocultó el cuerpo habría sido Lorenza Ramírez Barrera, una mujer de 80 años, cercana a la víctima y autodenominada religiosa.
Ambas mantenían una relación de extrema cercanía y, de acuerdo con los antecedentes reunidos por la investigación, habían acordado que si alguna moría, la otra no reportaría el fallecimiento ni permitiría intervención externa. Ese pacto derivó en que el cuerpo permaneciera oculto durante más de un año dentro de una vivienda.
El aislamiento en el que vivían, sumado al deterioro mental de la mujer de 80 años, aparece ahora como una de las principales claves del caso. La investigación sostiene que Lorenza decidió mover los restos cuando su hija regresó del extranjero y descubrió la situación al interior del domicilio.
La mujer trasladó el cuerpo dentro de una maleta hasta otra vivienda vinculada a ella y posteriormente abandonó los restos en la vía pública, aparentemente intentando facilitar que fueran encontrados para recibir sepultura.
Las pericias descartaron lesiones atribuibles a terceros. De manera preliminar, las autoridades manejan que la muerte fue por causas naturales y no existen señales de violencia física sobre el cuerpo.
Aunque la adulta mayor no ha sido formalizada, la causa continúa abierta y la Fiscalía no descarta futuras acciones judiciales conforme avance la investigación. Mientras tanto, el caso sigue provocando impacto en Chile por la mezcla de deterioro mental, aislamiento extremo y un pacto personal que terminó convertido en una escena que inicialmente parecía sacada de una investigación de crimen organizado.








