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GUADALUPE TADDEI: EL ESCÁNDALO Y LA PENA AJENA
26.10.2026 · creativecore

por Arturo Soto Munguía
A Enrique Peña Nieto lo hicieron presa del escarnio allá por el 2014 -o a partir del 2014, porque ya no lo soltaron en todo su sexenio- cuando declaró que la corrupción en México era un “tema cultural”.
La cita exacta es: “Yo sí creo que hay un tema cultural lamentablemente, que ha provocado corrupción en todos los ámbitos y órdenes tanto privado como público, no es un tema exclusivo del orden público, y se alimenta de ambos lados, y ha sido así”.
Y lo hicieron trizas porque su aseveración tiende a generalizar, y el que generaliza absuelve; porque involucró en actos de corrupción a la sociedad en su conjunto y porque Peña Nieto no fue, ni remotamente, un icono de la transparencia, la rendición de cuentas y las buenas prácticas gubernamentales.
Todo cambiaría, aseguraron quienes le sucedieron en el gobierno de la República, con la alternancia (acordada en un nunca bien explicado pacto que le garantizó impunidad, según sospechan algunos, y que de suyo representaría un supino acto de corrupción).
A Peña Nieto se le pueden adjudicar fundadamente, cualquier cantidad de yerros en sus expresiones, pero al menos en esta, y a la luz de lo ocurrido en los años subsecuentes a su gobierno, se debe reconocer que no estaba equivocado.
La corrupción no tiene que ver con el ejercicio de un determinado partido en el gobierno y sí involucra a actores de otros ámbitos, señaladamente el empresarial.
Lo ocurrido con Guadalupe Taddei Zavala, hasta las primeras horas de este lunes consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (para cuando el enamoradizo lector, la descorazonada lectora pasen la vista por esta columna, la señora Taddei ya habrá entregado su renuncia al cargo) ilustra de manera despiadada cómo la tentación por los millones de pesos que fluyen alegremente por el erario, no distingue sexo, profesión, ideología o militancia.
El chorizo es largo, pero yo se lo resumo rápidamente: acogida a los poderes cuasi plenipotenciarios recientemente aprobados a la presidencia del órgano electoral, Taddei Zavala habría adjudicado contratos millonarios a las empresas de una persona que laboraba a su cargo como ‘asistente especializado’ y con el que, ahora se sabe, mantenía un idílico romance que evidentemente le hizo perder toda dimensión de su investidura y de las serias responsabilidades al frente del instituto que por su naturaleza debe ser ejemplo de pulcritud, honestidad, decoro, imparcialidad y rectitud.
Taddei, que se desempeñó como presidenta del órgano electoral en Sonora y se inscribió para presidir el INE ganando el cargo en una tómbola (hay mujeres con suerte, indudablemente), por lo visto encarnó a la Tía Daniela, personaje del cuento de Ángeles Mastretta intitulado precisamente así, La Tía Daniela, y “se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota.”
Los audios y videos viralizados en los últimos días -y filtrados vaya usted a saber por quién- dejaron la reputación de la presidenta del INE tirada en el suelo como una basura -que diría Juanga- haciéndola pasar súbitamente de la gloria al infierno; del pedestal de la honorabilidad a la pradera ardiendo de cualquier cantidad de memes guarrísimos.
Esas filtraciones incluyen los ronroneos chipilones de la presidenta del INE aceptando que su novio pase a dejarle un pedazo de pescado y una sopa de fideos para comer, por que ella se conforma con tan poquito, siempre y cuando venga de él, del señor José Alfredo Hernández Casillas, su asistente especializado, beneficiario de contratos millonarios que le permitieron, entre otras cosas, poner a los pies del hijo de la señora Taddei la mismísima Ville Lumière: París, que se ve mejor desde una habitación de 200 mil pesos la noche y con una buena botella de champaña.
El escándalo cimbró a la cúpula del poder que, a diferencia de otros casos como el de Rocha Moya, Roberto Garduño y los hijos de Andrés Manuel López Obrador, por citar algunos, esta vez no cerró filas en el coro de la consigna “¡No estás sola!”.
Falta ver si el órgano de control interno del INE y la Auditoría Superior de la Federación proceden con las investigaciones y las eventuales sanciones que corresponden a los delitos presuntamente cometidos.
A esta historia le faltan muchos capítulos. El que sigue es el relevo, que estaría recayendo en el consejero Arturo Manuel Chávez López, un viejo conocido de la presidenta Claudia Sheinbaum desde aquellos tiempos de amor y de guerra en el Consejo Estudiantil Universitario.
